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ESTRÉS LABORAL

Esta semana hablamos de estrés laboral, síndrome de Burnout y sus posibles consecuencias en nuestro estado emocional y salud mental.

Casi todos hemos sentido estrés laboral en algún momento debido a fechas de entrega, horarios, relación con el jefe o los compañeros, dificultades para la conciliación con la vida familiar, etc.

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PERFECCIONISMO

Auto-exigencia excesiva y sus consecuencias

“El perfeccionismo no es una búsqueda de lo mejor. Es perseguir lo peor de nosotros, la parte que nos dice que nada de lo que hagamos será nunca lo bastante bueno.” Julia Cameron.

¿Sueles ponerte metas inalcanzables? ¿Pretendes llegar a todo, y hacerlo a la perfección? ¿Te cuesta estar satisfecho/a con el resultado final? ¿Te sientes a menudo culpable por no haber hecho lo que deberías? Es posible que te estés imponiendo una autoexigencia excesiva que, lejos de ayudarte a llegar más lejos, se puede convertir en un obstáculo para avanzar o incluso afectar a tu bienestar y estado de ánimo.

¿Cuándo hablamos de personas autoexigentes en exceso o perfeccionismo?

La autoexigencia puede ser un aspecto constructivo de nuestra personalidad, que nos ayude a alcanzar nuestros objetivos en el ámbito laboral, familiar o social. Ser autoexigentes nos ayuda a crecer como personas, a mejorar y superarnos, a evolucionar… No obstante, esta autoexigencia llevada al extremo se puede volver en nuestra contra. Estaríamos hablando, por tanto, de una autoexigencia destructiva.

Pero, ¿cuándo hablamos de una autoexigencia excesiva? Los principales rasgos de una persona autoexigente o perfeccionista son:

  • Ponerse metas inalcanzables y estándares de calidad desmedidos.
  • Hacer depender tu valor personal única y exclusivamente de tu habilidad para conseguir esas metas y estándares.
  • Muy baja tolerancia a los errores y la frustración.
  • Un lenguaje interior déspota y autoritario.
  • Menospreciar los logros.
  • Tendencia a enfocar en lo
  • Autoestima
  • Baja capacidad de adaptación o improvisación.
  • Alta necesidad de control.
  • Comparación constante con los demás.
  • Insatisfacción, nunca es suficiente.
  • Las metas inalcanzables pueden desembocar en ansiedad.

perfeccionismo y ansiedad

Consecuencias de una autoexigencia excesiva o perfeccionismo disfuncional.

La autoexigencia excesiva o perfeccionamiento disfuncional puede tener importantes consecuencias en nuestra bienestar y estado de ánimo, también puede generar estrés negativo y perjudicial, además de interferir en la consecución de proyectos vitales.

Veamos las principales:

  • A nivel social puede generar pérdida de amigos o aislamiento debido a su necesidad de ser el mejor en todo.
  • Desde lo emocional puede generar tristeza, ansiedad, estrés e incluso derivar en una depresión.
  • En lo que se refiere a aspectos físicos, nos puede ocasionar agotamiento físico, tensión muscular o problemas digestivos, entre otros.
  • A nivel cognitivo, pensamientos rumiantes, bloqueo o baja capacidad de concentración.

Consejos para lograr una autoexigencia constructiva

Para aquellas personas que se hayan sentido identificadas con alguno de los aspectos descritos anteriormente y que crea que puede estar sufriendo las consecuencias de una autoexigencia excesiva, os dejo algunos consejos que pueden poner en práctica.

  • Trabaja una buena comunicación interior, háblate desde el respeto y el cariño. Olvida los “deberías” y cámbialos por “preferiría, querría”.
  • Evita los términos dicotómicos, como todo o nada, bueno o malo.
  • Planifica bien tus objetivos y busca expectativas realistas.
  • Valora de forma objetiva lo que haces y evita centrarte sólo en lo negativo.
  • Aléjate de la presión y busca más la automotivación.
  • Analiza los errores para aprender y no para flagelarte.
  • Valora también el proceso y no sólo los resultados.
  • Inspírate en los demás.

En la consulta te podemos ayudar a poner en práctica estas recomendaciones y transformar tu autoexigencia destructiva en un aspecto constructivo de tu personalidad.

En los casos más extremos, el perfeccionismo puede enmascarar un T.O.C. Trastorno Obsesivo Compulsivo

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Trastorno Dismórfico Corporal

Trastorno Dismórfico corporal

¿Qué es el trastorno dismórfico corporal (TDC)?

El trastorno dismórfico corporal es un trastorno obsesivo, que lleva a las personas que lo padecen a una preocupación anormal por algún aspecto físico, que puede o no, ser visibles para los demás.

El TDC causa un malestar significativo en la vida de quien lo padece causando, deterioro en el área social y laboral y alteraciones psicológicas, que incluyen síntomas de ansiedad, depresión severas y aislamiento social

Las personas con este trastorno ponen excesivamente el foco en una o más partes de su cuerpo.

Las características más comunes con las que la gente tiende a obsesionarse son:

  • En la cara: nariz, manchas en el cutis, arrugas, acné y otras imperfecciones
  • Cabello: apariencia, volumen y calvicie
  • Apariencia de la piel y las venas
  • Tamaño de las mamas
  • Tamaño y tono muscular
  • Genitales

conductas asociadas al trastorno dismórfico corporal:

  • Revisiones repetidas frente al espejo.
  • Tendencia a ocultar el defecto a ocultarse.
  • poner el foco intensamente en la imagen
  • Creencia que ese defecto define a la persona.

Estos rituales o conductas repetitivas causan una angustia y repercuten en la capacidad para funcionar en la vida diaria.

¿Cómo saber si se tiene trastorno dismórfico corporal?

Síntomas del trastorno dismórfico corporal.

  • Preocupación excesiva por un defecto físico que no es perceptible por los demás o que parece poco relevante.
  • Convicción absoluta de que tienes un defecto en tu apariencia que te hace deforme o te hace feo.
  • Creencia de que los demás solo ven de ti ese defecto o que eres objeto de burlas como consecuencia del mismo.
  • Tener comportamientos dirigidos a arreglar u ocultar el defecto percibido que son difíciles de resistir o controlar, tales como mirarse frecuentemente el espejo, arreglarse o rascarse la piel
  • Obsesión por ocultar dicho defecto con determinadas prendas, maquillaje o evitación de lugares o actividades.
  • Comparar constantemente tu apariencia con la de los demás
  • Constante búsqueda de la aprobación de los demás.
  • Tendencia al perfeccionismo.
  • Incesante búsqueda de procedimientos cosmético, con poca o ninguna satisfacción en el resultado.
  • Evitar situaciones sociales.

¿Cómo ayudar a alguien con trastorno dismórfico corporal?

Este trastorno provoca un deterioro significativo en la calidad de vida y su tratamiento, en los casos más graves es complejo porque suele asociarse también con un  trastorno depresivo mayor y/o con  fobia social. En ciertas ocasiones, las personas que lo padecen refieren ideas suicidas.

La mejor ayuda que se le puede proporcionar a una persona que se encuentra en esta situación, es un apoyo profesional.

En el tratamiento para el trastorno dismórfico corporal se suele combinar terapia cognitiva conductual con medicamentos.

Terapia cognitiva conductual

La terapia cognitivo-conductual para el trastorno dismórfico corporal se centra en:

  • Gestión de los pensamientos negativos, las reacciones emocionales y las conductas que mantienen los problemas.
  • Abordar los pensamientos negativos automáticos relacionados con la imagen corporal y reestructurar estos pensamientos.
  • Dominar los impulsos o rituales que mantienen el mecanismo obsesivo.
  • Enseñarte otras conductas de afrontamiento para mejorar la evitación social.

tratamiento farmacológico.

Aunque no hay medicamentos aprobados específicamente por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) para tratar el TDC, los medicamentos utilizados para tratar otras afecciones de salud mental, como la depresión y el trastorno obsesivo-compulsivo, pueden ser eficaces.

 Internación

Cuando la persona no puede mantener el ritmo de sus responsabilidades cotidianas o cuando se encuentra en riesgo inminente de hacerte daño,  puede se necesaria una internación. Por lo general, esto se recomienda solamente en casos muy extremos.

Causas

No se sabe específicamente qué causa el TDC. en la mayoría de los casos de debe a múltiples factores.

El trastorno dismórfico corporal comienza, comúnmente, en los primeros años de la adolescencia y afecta tanto a hombres como a mujeres.

Factores de riesgo

  • Antecedentes familiares con trastorno dismórfico corporal o trastorno obsesivo-compulsivo.
  • Experiencias negativas de vida, como burlas en la infancia, negligencia o situaciones de abuso.
  • Rasgos de personalidad, como el perfeccionismo o la necesidad de control.
  • Presión social o expectativas de belleza.
  • Padecer ansiedad o depresión.

Complicaciones

Las complicaciones que pueden ser causadas o asociadas con el trastorno dismórfico corporal incluyen, por ejemplo:

  • El TDC puede desembocar en una depresión mayor u otras alteraciones del estado de ánimo.
  • Pensamientos o conductas suicidas.
  • Trastornos de ansiedad, como trastorno de ansiedad social (fobia social).
  • TOC (Trastorno obsesivo compulsivo).
  • Trastornos de alimentación, como anorexia o bulimia.
  • Abuso de sustancias.
  • Problemas de salud derivados de conductas autolesivas, como pellizcarse la piel.
  • Dolor físico o riesgo de desfiguración debido a intervenciones quirúrgicas repetidas.
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No se conoce la manera de evitar el TDC. Sin embargo, como el trastorno dismórfico corporal a menudo comienza en los primeros años de la adolescencia, identificar el trastorno temprano y empezar el tratamiento puede ayudar.

El tratamiento de mantenimiento prolongado también puede ayudar a prevenir una recaída de los síntomas del trastorno dismórfico corporal.

Bibliografía: Mayo Clinic

 

 

prejuicios

PREJUICIOS

Julieta Domenicone, psicóloga en Granada, especialista en terapia cognitivo conductual aborda el tema de los prejuicios en el articulo de esta semana.

psicologa online

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¿Qué son los prejuicios?

Prejuzgar es algo que hacemos continuamente. Nos hacemos una idea u opinión de algo o de alguien basada en juicios previamente establecidos, sin haber tenido la oportunidad de experimentarlo, conocerlo, descubrirlo. A estas opiniones se le denominan prejuicios, y pueden tener un gran impacto en nuestra vida, ya que puede influir mucho en la toma de decisiones y en las elecciones que hagamos.

Todos tenemos prejuicios. Se adhieren a nosotros desde pequeños, a lo largo de nuestra infancia, y a través de las personas que nos rodean, el lugar donde hemos crecido, la educación que hemos recibido, etc. Y la mayoría de las veces no somos conscientes de ellos. Podríamos definirlos como “trampas” que nos pone nuestra mente para economizar energía, atajos que pueden llevarnos a una conclusión o idea errónea, que nada tiene que ver con la realidad, ya que nuestro cerebro lo que hace es relacionar lo nuevo con lo que ya hemos conocido.

En este post vamos a conocer un poco mejor qué son los prejuicios, cómo identificarlos y gestionarlos.

Los juicios previos y sus consecuencias

Los prejuicios pueden convertirse en obstáculos para nuestra libertad de pensamiento. La sociedad de la información, con un uso exponencial de las redes sociales y un intercambio constante de opiniones, nos empuja a tener una opinión o una respuesta para casi cualquier cosa aquí y ahora, lo que fomenta los prejuicios.

No hay tiempo para explorar, para descubrir, para profundizar… para forjarnos una opinión más informada sobre algo o sobre alguien. Por ello, es importante que reflexionemos sobre las consecuencias que los prejuicios pueden acarrear:

  • Limitan nuestras experiencias de vida.
  • Nos alejan de la realidad.
  • Favorecen el autoengaño.
  • Fomentan la polarización de opiniones y el conflicto.
  • Nos pueden llevar a tomar decisiones erróneas.
  • Impiden nuestro desarrollo personal y autoconocimiento.
  • Dificultan el buen acompañamiento.
  • Fomentan la agresividad en la comunicación.

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Para muestra, un botón. El diario estadounidense ‘The Washington Post’ realizó un experimento con el virtuoso violinista Joshua Bell. Ataviado con ropa de calle, comenzó a tocar en el metro de Washington un 12 de enero de 2007, a 07.51 de la mañana. Tocó una hora aproximadamente ante miles de personas que pasaban por ese lugar, y sólo logró recaudar 32 dólares y 17 céntimos. Joshua Bell llena teatros durante varios días consecutivos con entradas de más de 100 dólares.

Vídeo de youtube: https://youtu.be/LZeSZFYCNRw

¿Cómo liberarte de los prejuicios?

Escapar de los prejuicios no es tarea fácil. Pero merece la pena el esfuerzo. ¿Cuántas veces te ha demostrado la vida que estabas equivocado o equivocada? ¿Recuerdas a aquella persona que te generó cierto rechazo nada más verla, y después se convirtió en un amigo o amiga? ¿Y esa fiesta a la que fuiste obligada porque no te gustaba el tipo de gente que iba, y acabó siendo una de tus mejores noches?

Vamos a conocer algunas claves que nos pueden ayudar a esquivar los prejuicios:

  • Date tiempo. Si te asalta una idea u opinión negativa sobre algo o alguien a simple vista, recuerda que puedes estar equivocado.
  • Evita las generalizaciones. Cuando tendemos a generalizar, “todos los hombres son iguales”, estamos prejuzgando en base a una mala experiencia pasada.
  • Pregunta o infórmate. Si tienes dudas sobre algo o sobre alguien, pregunta antes de presuponer.
  • Piensa en las consecuencias. Los prejuicios y los estereotipos pueden tener consecuencias muy negativas para la otra persona. Piensa en si lo pensaran de ti.
  • Presta atención. La mente a veces es perezosa, estate atento a si esa opinión es un “atajo” que te ha llevado a una idea que puede ser errónea, o alejada de la realidad.
  • Explora, descubre… sólo dándonos la oportunidad de conocer a una persona, o vivir una experiencia podremos llegar a nuestras propias conclusiones.

Acompañar

Psicologa en Granada Julieta Domenicone

Julieta Domenicone

Psicóloga en Granada especialista en ansiedad y en depresión 


Acompañar

“Participar en los sentimientos de alguien”, así define la RAE el verbo acompañar (quinta acepción).

Algo que toma especial relevancia cuando esa persona a la que queremos acompañar está pasando por un mal momento. ¿Qué puedo hacer para ayudarle? ¿Cómo puedo aliviar su carga?

Esta semana vamos a conocer en qué consiste el acompañamiento emocional, y aprenderemos algunas claves para acompañar bien. En muchas ocasiones no se trata de saber qué hacer, sino más bien de saber estar. Aprender a acompañar a los demás, tanto en el éxito, como en los momentos difíciles, es clave para cultivar relaciones sanas, duraderas y enriquecedoras.

¿Qué es el acompañamiento emocional?

El acompañamiento emocional es el apoyo o ayuda a otra persona, desde la presencia y la escucha, mostrando comprensión y entendimiento, pero sin dirigir, invadir ni intentar gestionar, cambiar o apropiarnos de la vivencia emocional del otro. Como decíamos, es más saber estar, que saber hacer.

El acompañamiento emocional requiere respeto por el otro, por su proceso y, por tanto, por el espacio y tiempo que necesite en ese proceso. Acompañar supone ponerse al servicio de la otra persona, sin dirigir, sin juzgar. Por eso, no siempre estamos en condiciones de poder acompañar al otro, aunque queramos aliviar su dolor. Aunque parezca sencillo, cuando vemos sufrir a un ser querido es difícil acompañar sin intervenir, sin intentar hacer algo para paliar ese sufrimiento, hasta tal punto de que se puede convertir en una autoexigencia que desemboque en un sentimiento de culpabilidad. “Está sufrimiento y no sé cómo ayudarle”.

inseguridad emocional

inseguridad emocional

¿Qué necesito para acompañar bien?

Para poder acompañar bien a una persona que está pasando por un mal momento, es imprescindible que nosotros también estemos bien y dispongamos de tiempo y de algunas habilidades.  Algunos requisitos para acompañar bien:

  • Seguridad y tranquilidad. Acompañar a alguien que lo está pasando mal genera emociones en nosotros mismos, Es muy difícil hacer un buen acompañamiento desde la ansiedad, con miedo o  inseguros.
  • Atención plena en el proceso. Es necesario estar presentes, para centrarnos en el proceso de la otra persona.
  • Tiempo disponible. Para poder acompañar emocionalmente a alguien tengo que tener tiempo. No puedo acompañar bien al otro si tengo prisa, estoy pensando en lo que tengo que hacer después o me están esperando en algún otro sitio.
  • Escucha activa. Focalizar toda nuestra atención en querer comprender al otro, sin juzgar.

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Comunicación

Sin estos requisitos, es posible que no estemos en disposición de acompañar y puede ser contraproducente.

Es posible que la persona no se sienta  tenida en cuenta. Por tanto, si tomo la decisión de estar junto a alguien que está transitando un momento difícil de su vida, debo ser consciente del compromiso que requiere.

¿Cómo ayudar a alguien que lo está pasando mal?

No es fácil ver sufrir a una persona que queremos. En general, como dice el filósofo surcoreano afincando en Berlín Byung-Chul Han, “en la sociedad del ‘me gusta’ tenemos fobia al sufrimiento”. Por ello, cuando alguien al que queremos lo está pasando mal, intentamos buscar la fórmula mágica o encontrar las palabras adecuadas para que se sienta bien y salga de ese sufrimiento de forma instantánea. No obstante, como ya hemos visto, un buen acompañamiento requiere tiempo, paciencia y respeto.

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Ayuda Mutua
Julieta Domenicone

Veamos algunas formas de acompañar en el sufrimiento:

1. Respeta el proceso. En lugar de intentar entretener y distraer al otro para paliar su sufrimiento. Estate presente, escucha y presta atención a sus necesidades. Es posible que quieta estar solo, llorar, gritar… respeta su proceso dejando claro que estás ahí para lo que esa persona necesite.

2. No le quitas importancia.  En el intento de querer ayudar al otro, muchas veces tendemos a quitar importancia a lo que le pasa, algo que puede ser contraproducente y acentuar su malestar y sentimiento de soledad.

3. No lo juzgues. Cuando pasamos por un mal momento, todos nos volvemos irascibles e incluso mal educados. Entiende que su actitud responde a un momento concreto, que realmente esa persona no suele comportarse así. No lo juzgues ni le reproches su compartimiento. Nuestro enfado puede impactar aún más en su malestar y tener importantes consecuencias negativas en nuestra relación.

4. Deja que él decida qué hacer. Cuando acompañamos a alguien que sufre, pensamos tener la solución para que salga del pozo. Pero no es así. Acompañar emocionalmente no significa decidir por el otro, ni convencer o imponer al otro “la solución”. No se trata de nosotros, sino del otro y solo él sabrá qué hacer cuando atraviese la fase del dolor, y esté preparado para continuar de nuevo su camino.

5. Cuida los detalles. En situaciones difíciles todo cuenta. Cuida cada detalle, aléjate de temas o comportamientos que puedan afectar al otro –quizás no sea el momento para sacar ciertos temas- y aprovecha para demostrar tu amor por esa persona con pequeños detalles gratificantes. Aunque parezcan insignificantes, pero ayudar en el proceso.

En momento difíciles como los que estamos viviendo, es muy importante que aprendamos a acompañarnos bien, desde el respeto y el entendimiento. Seamos conscientes de la importancia del tiempo y el espacio para superar las diferentes fases. Aunque vivamos en la sociedad de ‘lo instantáneo’, no todo se puede obtener a golpe de click.

Acompañar-Psicóloga en Granada-psicóloga Online- Julieta Domenicone

Acompañar-Psicóloga en Granada-psicóloga Online– Julieta Domenicone

Dejar de postergar

Postergar, es dejar para otro momento aquellas cosas que debo o deseo hacer.


Mañana lo hago…

En muchas ocasiones, tendemos a postergar cosas que necesitamos hacer.

Este mecanismo va desde la postergación de pequeños detalles, como responder a un mensaje, hasta retrasar la toma de decisiones trascendentes de nuestra vida, como reconciliarnos con seres queridos o emprender proyectos.

Dejar las cosas en suspensión puede acarrear profundas consecuencias en personas “fuertemente postergadoras”. Hay situaciones, que de tanto aplazarlas, se hacen inabordables: “ese tren ya ha pasado”

La vida no se puede postergar, no la podemos dejar para mañana.

Consecuencias de postergar:

  • Lo que postergo me avergüenza, porque me obliga a justificarme ante la persona con la que tenia “ese” compromiso que no he cumplido o ante mi mismo.
  • Lo que postergo se acumula, en ocasiones extremas hablamos de un cumulo de años, por ejemplo, cuidar mi salud. En estos casos, el abordaje es cada vez mas complejo porque con el tiempo se van sumando problemas adicionales.
  • Lo que postergo, lo pierdo. Puede ocurrir que cuando deseo abordar lo que he postergado, ya sea tarde, por ejemplo, la maternidad o paternidad, una reconciliación con seres queridos o la vuelta al trabajo después de una excedencia.

Psicologa en Granada

Psicologa en Granada

¿Por qué postergamos?

  • Miedo al fracaso, a exponerme o al ridículo: “Para hacerlo mal, prefiero no hacerlo”.
  • Pereza: “Estoy muy a gusto”
  • Perfeccionismo: “cuando todo este perfecto será el momento oportuno para….”
  • Exceso de confianza: “Lo haga o no, no pasa nada”.
  • Autolimitaciones: “Yo no puedo hacer esto”
  • Miedo a salir de la zona de confort: “No será tan necesario”
  • Egoísmo: “Que lo haga otro”.

¿Cómo dejar de postergar?

  • Valorar si estamos ante una actividad realista o bien ante una fantasía que no es posible cumplir. En el caso de las fantasías los mecanismos de postergación se acentúan para evitar el fracaso: ¡Plantéate metas realistas!
  • Descomponer el proyecto en pequeñas metas, el objetivo de esta descomposición es asegurarnos el éxito en cada uno de estos pequeños pasos y aumentar la motivación.
  • “Ojos que no ven, corazón que no siente”. En general las personas postergadoras tienden a evitar estar en contacto con aquello que postergan: Deja visible el proyecto que necesitas abordar.
  • Pide ayuda: Hay ciertas tareas que se nos hacen un mundo y que, con una pequeña ayuda de un amigo, pareja o un profesional podemos superar.
  • El fracaso es una fuente de aprendizaje mas valiosa que la evitación: Deja de temer el fracaso, fracasa rápido, fracasa mucho y fracasa mejor.
  • Valora el precio, que puede tener la postergación sostenida en el tiempo y pregúntate si estas dispuesto a pagarlo.
  • Lo que postergo pesa: ¿Prefiero el beneficio de no hacer hoy o prefiero cargar con el peso de lo que debería haber hecho?

Psicologa_Granada-Liderazgo

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La postergación es una decisión que tomamos de marea consciente, que solemos adornar con una sucesión de excusas. Si tomamos esta decisión, lo adulto es responsabilizarnos de las consecuencias de mis postergaciones.

Dejar de postergar supone pasar a la acción y avanzar de frente hacia lo que necesito.

¿Cómo te puedo ayudar?

  • Valoraremos tus bloqueos frente a aquello que estas postergando
  • Consolidaremos la confianza en ti mismo para hacerle frente a la situación temida.
  • Elaboraremos estrategias de paso a la acción.

Estrés emocional

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Estrés emocional

Julieta Domenicone, psicóloga en Granada, especialista en ansiedad y Psicóloga Online.


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Psicóloga Granada


Se acaba de cumplir un año desde el primer confinamiento domiciliario debido a la pandemia por COVID-19. En este periodo, una serie de términos se han instaurado en nuestro vocabulario, palabras o expresiones con las que intentamos explicar sensaciones, vivencias o acontecimientos inéditos hasta ahora.

Uno de estos conceptos es la ‘fatiga pandémica’, una expresión que copa titulares de periódicos y con la que se pretende definir un conjunto de síntomas que está experimentado gran parte de la sociedad como consecuencia de la pandemia: agotamiento mental, falta de concentración, ansiedad, depresión, estrés…

Esta fatiga pandémica tan de moda en estos días, es lo que siempre se le ha denominado en Psicología estrés emocional y que ahora se está viendo generalizada por los cambios de hábitos de vida, las restricciones continuas, las interminables horas de teletrabajo, la falta de estímulos u oportunidades para desconectar, o la constante incertidumbre ante el futuro a corto plazo.

En este post vamos a conocer un poco más qué es eso de la fatiga emocional, y cómo podemos gestionarla para que nos afecta lo menos posible.

¿Qué es el estrés emocional?

Se trata de un cansancio o agotamiento emocional que puede venir asociado a sentimientos de angustia, estrés, depresión o ansiedad. Puede generar falta de atención y concentración, y disminuye la agilidad mental considerablemente.

Un pensamiento recurrente en una persona con fatiga emocional podría ser: “Pienso en todo lo que tengo que hacer hoy y no puedo ni levantarme de la cama”.

Aunque se trata de un agotamiento mental, suele venir acompañado de cansancio físico y pérdida de energía, lo que dificulta el desarrollo de las actividades cotidianas.

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Julieta Domenicone

¿Qué lo causa?

El estrés emocional puede venir causada por un desequilibrio entre lo que damos y lo que recibimos, entre otros motivos. Por ejemplo, en el contexto actual, estamos renunciando a muchas cosas de nuestra vida –incluso a ver a nuestros seres queridos- pero la falta de resultados contundentes –por ejemplo, en la reducción del número de contagios-  y la continuidad de las restricciones nos lleva a un agotamiento emocional.

Las principales causas que nos pueden llevar

  • Desequilibrio entre lo que se da y lo que se recibe.
  • Entorno muy exigente, con importantes sacrificios.
  • Incertidumbre constante o situaciones de estrés prolongado.
  • Situaciones de sobrecarga de actividades. “Todo lo que tengo que hacer”.
  • Saturación de emocionales, que nos pueden llevar a bloquearnos.
  • Emociones contenidas, como la frustración no gestionada.
  • Sentimientos de incomprensión.
  • Poco o nulo tiempo para satisfacer nuestras propias necesidades o deseos.
  • Un cambio importante en nuestra vida: en el trabajo, mudanza, ruptura de pareja, nacimiento de hijos…

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¿Cuáles son los síntomas del estrés emocional?

Es importante tener en cuenta que el estrés emocional no afecta a todo el mundo de igual manera, ni se desencadena al mismo nivel en todas las personas ante las mismas situaciones. Depende mucho de la persona, de su gestión emocional y recursos. Sin embargo, existen una serie de síntomas que nos pueden ayudar a reconocer la fatiga emocional:

  • Cansancio físico. Se siente agotamiento y falta de energía desde que se despierta.
  • Palpitaciones y respiración acelerada.
  • Estado nervioso.
  • Bruxismo (apretar dientes y mandíbulas).
  • Insomnio o dificultades para dormir.
  • Existe una falta de autocontrol, lo que deriva en un bajo estado de ánimo y mal humor.
  • Falta de motivación y entusiasmo.
  • Sensación de falta de autocontrol.
  • Dificultades para prestar atención y concentrarse, con olvidos y despistes frecuentes.
  • Distanciamiento afectivo.

Cuando aparece el estrés emocional, tendemos a la estrategia de evitación, volviéndonos autómatas que evitan nuevas situaciones de estrés, pero también actividades agradables o placenteras. Esto puede desembocar en un círculo o bucle negativo que puede arrastrarnos a un estado depresivo.

¿Cómo gestionar el estrés emocional?

A continuación, os dejo algunas recomendaciones que nos pueden ayudar a identificar la fatiga emocional y frenar el posible bucle negativo en el que puede desembocar si no actuamos a tiempo.

  • Identificar la fatiga emocional. El primer paso es aprender a identificar la fatiga emocional, a raíz de los síntomas expuestos anteriormente.
  • Explorar las causas, saber cuáles son las principales fuentes de estrés que me están generando fatiga emocional.
  • Práctica de ejercicio físico, para ayudar a nuestro cuerpo a liberar la tensión acumulada.
  • Favorecer el descanso, con práctica de higiene del sueño como zona sin ruido y sin luz, regular horas de sueño, etc.
  • Poner límites, a nosotros mismos y a los demás. Aprender a decir NO a los demás.
  • Atender nuestras necesidades y deseos, reservándome algo de tiempo para disfrutar de alguna actividad que me resulte placentera.
  • Desconectar mentalmente.
  • Buscar y compartir la alegría.