Cómo recuperar el deseo

Compartir una vida sexual plena es fundamental para mantener la intimidad, el compromiso y la comunicación que solo el cuerpo puede proporcionar. La sexualidad en una pareja, entre dos cuerpos desnudos que se acarician, que se dan placer y que comparten, abre un espacio íntimo casi secreto y cómplice en el que solo hay lugar para ellos.

Hablamos de un espacio privilegiado y único que ha de ser cultivado y cuidado ya que, como cualquier cosa que no se cuida, se deteriora, se resiente y se transforma en un espacio en el que empiezan a habitar miedos, inseguridades y distancia. Un espacio sexual deshabitado puede transformarse en un silencio ensordecedor entre dos personas que se aman. De aquí la importancia de dedicar tiempo a reflexionar sobre nuestra propia sexualidad en la pareja.

Preocupaciones más frecuentes en consulta

  1. La pérdida de deseo sexual después de la maternidad.
  2. Si no me desea, ¿es que no me quiere?
  3. ¿Cuánto tiempo es normal que pase sin hacer el amor?
  4. Ahora no siento deseo, ¿lo recuperaré alguna vez?
  5. ¿Si se masturba es que no me desea?
  6. Si me atraen otras personas, ¿es que no deseo o ya no quiero a mi pareja?
  7. ¿Qué pasa si mi pareja quiere hacer el amor y yo no?
  8. ¿Qué pasa si quiero hacer el amor y mi pareja no?
  9. ¿Si mi cuerpo cambia, cómo afecta esto al deseo sexual?

Un motivo frecuente de consulta en parejas que llevan muchos años conviviendo es el tema del deseo y, en particular, el de la disminución del deseo sexual. Las parejas se quieren, comparten proyectos, educan juntos a sus hijos con complicidad, pero, en algunas ocasiones, el deseo sexual no está presente. Esta situación suele causar preocupación y despierta miedos y frustraciones que no son siempre simples de manejar. La falta de deseo puede ir erosionando la relación de pareja hasta ponerla en peligro si se mantiene en el tiempo.

¿Por qué pasa esto?

Al principio de una pareja, sólo está la pareja. La cama es un estímulo sexual… A medida que van pasando los años, el espacio de los dos se llena de otras cosas. La intimidad se ve perturbada por los niños, por los proyectos, la compra de la casa, las exigencias de la vida profesional, etc. La persona que yo conocía ya no solo es mi amante. Es la madre o el padre de mis hijos, es el profesional o la profesional cansada del día del trabajo… Poco a poco, el espacio de los dos se estrecha. La monotonía se instala y el deseo disminuye o desaparece. La cama se convierte en un mueble más de la casa.

¿Cómo hacerle frente?

Antes de todo, siempre hay que pensar que la falta de deseo puede no estar asociada a problemas psicológicos, sino que puede tener una raíz médica u orgánica. Siempre se debe tener en cuenta esta posibilidad. Una vez descartada por un profesional sanitario, podemos centrarnos sobre las dos personas que constituyen la pareja y sobre la pareja en sí.

Algunas grandes líneas de reflexión

  • Para cada miembro de la pareja
    – La seducción es un arte en el que interviene nuestro intelecto y nuestro cuerpo. La seducción es un juego para el que debemos estar disponibles. Nuestra inteligencia debe estar activada y nuestro cuerpo preparado para ello.
    – No perder el rol de amante: no dejar que los otros roles de nuestra vida (madre, padre, profesional, etc) desplacen por completo esta parte de nosotros.
    – Tener la autoestima baja es un factor de riesgo que hace que puedan aparecer problemas sexuales. La falta de confianza en uno mismo puede hacer que un momento de intimidad sea difícil. Si no podemos abordar solos esta situación, se puede acudir a un especialista que nos ayudara a aceptarnos y a mejorar nuestra autoestima y a ver si está o no relacionado con esa reducción de la líbido.
    – Determinar si se trata de una falta de deseo sexual generalizado o bien si se ha perdido el interés sexual por el compañero o compañera. Evaluar esto no es siempre fácil y requiere mucha honestidad. Debemos contemplar el riesgo de dañar a la persona que amamos, por lo tanto, se trata de buscar medidas constructivas para solucionarlo.

 

  • Para la pareja
    – Buscar la complicidad de los dos: el humor, la desnudez, el contacto, las miradas… La complicidad se encuentra oculta tras innumerables gestos, solo se trata de “des-cubrirla”.
    – Mantener espacios privilegiados exclusivos de la pareja. Momentos y lugares donde nos podamos encontrar. El encuentro sexual requiere tiempo e intimidad.
    Comunicar: comunicar implica el deseo activo de querer expresar, así como el deseo activo de querer comprender.
    – La líbido sexual sufre altibajos que no son preocupantes, pero, si no le prestamos atención, se pueden transformar en un hábito y este hábito, con el tiempo, podría constituir la identidad de esta pareja. Es importante estar atentos y permeables a los encuentros sexuales, a las propuestas de uno y del otro para no convertir momentos puntuales de desencuentro en una realidad de alejamiento.
    – La relevancia de elementos aparentemente inofensivos: Netflix, videojuegos, el teléfono, etc. Son elementos aparentemente intrascendentes en nuestra vida, pero que fijan la atención en un lugar distinto a la pareja. Absorben todos nuestros sentidos y generan desajustes, disminuyendo el tiempo compartido.

Si la falta de deseo persiste en el tiempo, puede ser recomendable acudir a un especialista.

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