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La adolescencia, un periodo de búsqueda

¿Por qué decimos que la adolescencia es un periodo de búsqueda? Pues, entre otras cosas, porque durante esa fase de sus vidas, las personas van forjando su identidad. Por eso, como profesional del gremio de los psicólogos en Granada, insisto tanto en que, durante esta etapa, los padres y madres han de acompañar y guiar a sus hijos adolescentes. No en vano, los adultos tienen que servir de modelos para que adquieran valores y buenos hábitos. 

Hemos de tener claro que los adolescentes van creando su propio sistema normativo que les servirá de guía para sus vidas.  Normas que poco a poco van constituyendo los valores que les acompañarán en sus experiencias, en sus relaciones humanas. Por eso es importante que los adultos les inviten a reflexionar sobre los valores. A pararse a pensar por ejemplo qué es un problema y qué no lo es. 

La importancia de las normas de convivencia 

En la adolescencia pueden darse problemas de muy diversa naturaleza. Desde los relacionados con el caos alimenticio, hasta los vinculados a la necesidad de fijar unos horarios. Problemas con los que hay que lidiar de forma reflexiva porque se trata de que la vida familiar, la relación entre padres e hijos adolescentes, no sea un campo de batalla cotidiana. 

Jerarquizar las normas 

Desde mi opinión profesional, no todas las normas quebrantadas merecen el mismo castigo o reprimenda. Algunas cuestiones pueden ser pasables mientras que otras no pueden ser tolerables de ninguna de las maneras. No se puede reaccionar de la misma forma si nuestro hijo de 15 años saca una mala nota en un examen que si nos damos cuenta de que empieza a “coquetear” con las drogas. Algo que trato de dejar claro a toda persona que acude a Julieta Domenicone Psicología

Fijar límites y detectar conductas de riesgo

Muy relacionado con lo último que acabo de apuntar está la que tiene que ser otra de las funciones de los adultos para con los hijos adolescentes: detectar y atajar conductas de riesgo. No solo relacionadas con las drogas y el alcohol, sino también con el sexo. Los jóvenes tienen que saber que pueden contar con nosotros, pedirnos ayuda y consejo

Paciencia y constancia, ingredientes básicos 

Volvemos a insistir en la idea de que somos modelos. De que es sumamente importante que el adolescente vea cómo nos posicionamos en la vida, de qué forma encaramos los problemas. Esto nos lleva a una máxima que para mi es fundamental: hay que educar sin miedo. Muchos adultos temen a los adolescentes, a las represalias que puedan tomar. Por eso es clave estar actualizados, conocer sus intereses, inquietudes y preocupaciones. Me refiero a ser permeables, a tener los ojos abiertos. Es importante no centrarse únicamente en los fallos y poner en valor los logros. Tratar de que los adolescentes acaben por hacer cosas como ayudar en casa, no por obligación, sino de forma espontánea. 

El vinculo entre padres e hijos empieza por un solido conocimiento de nosotros mismos, de nuestras fortalezas, de nuestras limitaciones, de nuestras debilidades, de nuestras capacidades y desde este punto de partida, ser capaces de brindarles nuestra guía y nuestro apoyo para acompañarlos en su propio camino. 

No existen las máscaras o los disfraces para ser padres. No les podemos brindar algo que no somos, pero sí podemos darles lo mejor de nosotros. 

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