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Decir No

Decir No a mis padres, a mi jefe, a mis compañeros de trabajo, a mis hijos, a mi pareja, a mis amigos… incluso al vecino.

A veces nos resulta muy difícil no complacer a los demás todo el tiempo y decir NO ante determinadas peticiones, acciones o comportamientos, con las consecuencias que ello conlleva para nuestro bienestar emocional. ¿Por qué nos ocurre esto y qué podemos hacer? Esta semana hablamos de la importancia de poner límites en el Blog Psicología Julieta.

 ¿Qué son los límites personales?

Los límites personales son aquellas reglas o normas que rigen nuestras relaciones con lo demás y que modulamos en función del otro. Los podemos clasificar en diferentes tipos:

  • Límites físicos: están relacionados con el espacio y el contacto físico y pueden variar según la cultura. La forma de saludar en cada país es una muestra de ello. Estos límites físicos se han visto altamente alterados por la situación de pandemia, obligándonos a reestructurarlos en función de las medidas de protección.
  • Límites intelectuales: están relacionados con los pensamientos y con las ideas de cada persona. Un ejemplo puede ser las diferentes posiciones políticas, o ideas u opiniones ante un acontecimiento concreto.
  • Límites emocionales: estos límites están relacionados con nuestros sentimientos, con lo que compartimos o no con las personas de nuestro alrededor.
  • Límites sexuales: son aquellas normas y reglas que rigen la sexualidad, con especial énfasis en el respeto y el deseo de las personas implicadas.
  • Límites materiales: están relacionados con los bienes materiales, ya sea dinero o propiedades, y lo que quiero o no compartir y con quién.
  • Límite de tiempo: están relacionados con el tiempo que dedico a una actividad o a una persona.

Independientemente del tipo que sean, estos límites varían dependiendo de la persona con la que me relacione y han de ser definidos por mí mismo, en función de mis principios y escala de valores.

¿Por qué es importante poner límites, decir NO?

Los límites que ponemos a los demás (y a nosotros mismos) nos definen como personas, conforman nuestra identidad y nuestra forma de ser. Unos límites claros facilitan las relaciones con los demás, y me libera de la necesidad de gustar y complacer al otro en todo momento, y de los sentimientos de culpabilidad cuando digo NO.

No se trata de imponer mis ideas, mi criterio y mis necesidades ante las de los demás. Tampoco se trata de caer en el sincericidio, utilizando las palabras como arma y dañando a los demás, sino de hacer saber a los demás qué queremos y qué necesitamos sin miedo al rechazo, y sin olvidarnos de lo que también quieren, necesitan y sienten los demás.

Decir No

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Poner límites sanos es dejar de lado el miedo al rechazo, a sentirnos egoístas o culpables, a pensar que podemos con todo. Se trata de tomar el control de nuestras relaciones y decisiones, sin dejarnos llevar por lo que los demás quieren, sino buscando el equilibrio entre lo que yo quiero y necesito, y lo que quieren y necesitan los demás.

En definitiva, poner límites es buscar el equilibrio para fomentar relaciones sanas basadas en la confianza y la estabilidad, ya sea con nuestra pareja, nuestros hijos o nuestros compañeros de trabajo.

¿Cómo poner límites sanos?

Saber poner límites tiene una estrecha vinculación con el autoconocimiento y la seguridad en uno mismo. Veamos alguna claves para aprender a poner límites:

  1. Define bien tus límites, ten claro tu eje. Cada persona tiene sus propios límites que, además, cambian según la persona con la que se relaciona. Por ejemplo, los límites físicos no son los mismo para mi pareja, que para mi compañero de trabajo. Es importante saber cuál es tu eje para identificar cuándo el otro (o incluso nosotros) lo está traspasando.
  2.  Presta atención. Una vez que tienes claros tus límites, te resultará más fácil identificar situaciones que te hacen sentir mal, cuando estás haciendo o permitiendo algo que te saca de tu eje.
  3. Lenguaje claro, sencillo y directo. Cuando tengas que manifestar tus límites, hazlo de forma clara y directa, sin rodeos o falsas justificaciones y/o excusas, y en el momento más oportuno.
  4. Acepta la reacción del otro. El hecho de que nosotros expresemos o pongamos el límite no significa que el otro lo entienda.
  5. Evita los sentimientos de “culpabilidad”. En estos momentos es necesario tener claro que no podemos complacer a todo el mundo, en todo momento.

Decir No, no es fácil, sobre todo a las personas más cercanas. Como todo aprendizaje, requiere de práctica, tiempo y mucha consciencia y autoconocimiento.

¿Qué beneficios aporta el poner límites sanos?

Una vez que hemos aprendido a poner límites, nos sentiremos liberados de muchos sentimientos como la culpabilidad, el miedo al rechazo o la sensación de ser una persona egoísta. Aprender a poner límites sanos tiene importantes beneficios para nuestro bienestar emocional:

  • Refuerza el autoconocimiento, siendo consciente de lo que quieres y necesitas en cada momento.
  • Fomenta las relaciones sanas y equilibradas. Al contrario del miedo inicial, poner límites sanos mejorará nuestras relaciones personales, evitando desequilibrios o desigualdades.
  • Mejora la Autoestima, al conocernos mejorará la valoración que tenemos de nosotros mismos en función de nuestra cualidades, calidad y circunstancias.
  • Aumenta mi sensación de control, ya que no sentiré que me dejo llevar por las necesidades o caprichos de los demás.